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La lectura y el el desarrollo cognitivo
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Es durante los primeros años de vida —en particular durante el primero— que nuestro cerebro crea el mayor número de conexiones neuronales. Es durante esta etapa que aprendemos a comunicarnos: a hablar, a escuchar, a poner atención, a comprender la lógica de una historia.

El desarrollo de habilidades de lecto-escritura (literacy) en la infancia temprana no significa enseñarle a los niños a leer. Responde más bien a fomentar de manera natural el desarrollo de habilidades y capacidades que más tarde servirán para leer y escribir, así como a promover el amor por los libros, la curiosidad y el vínculo.

Estas habilidades y capacidades son progresivas y continuas e incluyen:

  • La manipulación de los libros (agarrarlos, girarlos, abrirlos, pasar las páginas, masticarlos);
  • La observación (poner atención, observar con detenimiento, reconocer un libro o sus personajes, señalar objetos en el libro); y
  • La comprensión (reaccionar ante la historia, imitar lo que sucede en el libro, hacer preguntas sobre lo que pasa, verbalmente comentar la historia o hacer preguntas, pretender estar leyendo).

La lectura y el aprendizaje académico
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Por un momento, piensa en tu salón de primaria. ¿Recuerdas quiénes eran los que siempre estaban en el cuadro de honor, los que siempre sacaban diez? ¿Te acuerdas cuando tu maestra pedía que alguien leyera en voz alta? ¿Quiénes leían mejor? ¿Ves la relación?

Entre los cero y los nueve años de edad, el contacto con los libros se centra en desarrollar nuestras habilidades y capacidades lectoras – o sea, estamos aprendiendo a leer. Pero a partir de entonces (cuarto de primaria, más o menos), la relación se invierte: ahora necesitamos leer para aprender. Si las capacidades de lectura y comprensión no están desarrolladas a su máximo potencial para entonces, las y los niños empiezan a quedarse atrás. Aprender a través de la lectura les toma más tiempo, más esfuerzo y tiene menores resultados.

Ahora bien, el desarrollo académico no tiene que ver nada más con leer y entender lo que dice un libro. Responde también a querer aprender, a tener curiosidad por el mundo a nuestro alrededor, a preguntar y a imaginar posibles respuestas. El contacto con libros desde edades tempranas contribuye a lo anterior. Fomentar el desarrollo de habilidades de lectura y comprensión desde edades tempranas se vuelve fundamental para el desarrollo académico. Para entender mejor, seguro; pero sobretodo, porque leer nos hace querer saber más.

La lectura y el lenguaje
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¿Recuerdas alguna rima de tu infancia? ¿Podrías cantar “dale, dale, dale”? Te apostamos que sí. Las rimas, los poemas, los cuentos y las canciones desarrollan el lenguaje de los niños. Introducen nuevos conceptos a su vocabulario de manera apropiada para su edad: son fáciles de recordar y fáciles de comprender y contextualizar.

Leer en voz alta no sólo ayuda a que los niños escuchen nuevas palabras, nuevas conjugaciones. También a que las contextualicen. Compartir un libro y discutir sobre él genera diálogo (¿te gustan los pingüinos?, ¿sabes qué comen las ballenas? ¿crees que ese niño está feliz?). Y hablar con las y los niños entre cero y tres ha probado tener impactos positivos en su desarrollo a largo plazo – a mayor sea el número de palabras que escuchan durante sus primeros años de vida, mayores serán sus IQ y mejores serán sus resultados académicos.

Así, un niño en contacto con libros – y con agentes de desarrollo que hablen con él o ella acerca de esos libros – fortalecerá sus habilidades de comunicación en cuanto a vocabulario, memoria, estructura, narrativa, comprensión y diálogo (¡incluyendo el escuchar con atención!).

La lectura y el bienestar emocional
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¿Recuerdas algún personaje de una historia con quien sufriste tú también? ¿Sonreíste cuando terminaste ese libro con final feliz? Las niñas y niños también pueden ser empáticos con los personajes de sus libros.

Además de una oportunidad para divertirse, leer con un niño es una oportunidad para reconocer y hablar de sus sentimientos, fortalecer su autoestima y desarrollar su salud emocional. Incluso hay evidencia que sugiere que las historias son herramientas para interpretar y dar significado a comportamientos propios y ajenos.

La lectura y apego
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Te has sentado últimamente a leer un libro con tu hija, tu sobrino? ¿Comentaron juntos? ¿Te escuchó sin pestañear? ¿Quién cambió las hojas? ¿Lo leyeron una vez más al terminar? ¿Se rieron al mismo tiempo cuando el personaje hizo algo chistoso?

El apego – palabra tan de moda hoy en día – es la creación de un vínculo emocional entre un niño y un adulto. Estos vínculos son clave en para el desarrollo y salud emocional de las personas tanto en el corto como en el largo plazo. El apego proporciona seguridad, afecto y consuelo. Y significa protección.

Leer juntos fortalece el apego entre un niño y un adulto (papá, mamá, abuelita, tía, maestro, nana). Además, compartir un libro con un niño es una forma de hacerle saber que le queremos, que nos gusta estar con él y que podemos aprender juntos. Disfrutar de un libro con un niño es la mejor forma de decirle: “leer es divertido” y fomentar su interés en la lectura.

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